Un encargo doble

Cuando Sara me escribió por primera vez se me iluminó la cara. Era un tipo de encargo que llevaba mucho tiempo deseando. Dos novias a la vez. Pero Sara y Alba le dieron un giro más de tuerca.

El mail de Sara con las indicaciones para el diseño fue como escrito por mí misma. Estructurado por puntos, para así asegurarse de que no se pasa nada por alto; método que yo sigo habitualmente en las conversaciones iniciales con los clientes. Y con referencias fotográficas de cada punto, utilizando enlaces a pines de Pinterest. En ese aspecto la única diferencia conmigo es que yo creo un tablero privado, en el que ambas partes añadimos o eliminamos fotos para completar el diseño de inspiración.

Iban a ser ramos propios de la época, con elementos típicos de los ramos de novia de invierno. En este caso la idea no era aprovechar que los ramos de papel permiten las flores de cualquier estación en pleno invierno. Era aprovechar que duran muchos años con las mínimas instrucciones de mantenimiento.

Como decía, los ramos de Sara y Alba serían propios de invierno. Los elementos eran piñas, flor de algodón, eucalipto, pino, rosas y hortensia. Debían ser semejantes en estilo pero no iguales en apariencia (resulto más fácil, pues Alba quiso prescindir de algunas flores que Sara sí quería en su ramo).

Las paletas de color eran completamente diferentes; azules y tonos tierra. Aunque parezca mentira, en el caso de los azules también existen tonos más cálidos y más fríos, así que debía asegurarme de que los tonos elegidos combinaban entre sí y con el lazo de terciopelo con el que debía atar el ramo.

Primero Sara me hizo llegar el lazo, así podía ponerme a trabajar en teñir el papel para algunas de las rosas en ese tono exacto. Una vez conseguido, con diferentes variaciones de intensidad, hice selección de otros azules para combinar.

La caja de muestras, para ¿Alba? Sí, para Alba

Envié entonces dos cajas de muestras; una de azules con el nombre de Sara y el de tonos tierra para Alba. Con ciertos colores, sobre todo cuando la flor acepta muchas variedades, como en el caso de rosas, peonías, claveles, o es un color o tonalidad la determinante del conjunto, opto por enviar muestras de papel. Porque lo que yo llamo rojo Cocacola, por ejemplo, que es el color de uñas que me gusta usar, según Chanel tira hacia anaranjado, y según Dior a subtonos en azul. Se supone que es el mismo color, pero no. Ya me estoy haciendo la nota mental de dedicar el siguiente post a los colores, tonos, subtonos y combinaciones que parecen imposibles.

Desde ese momento en el que les llegaron las muestras pasamos a hablar por separado. Hasta entonces Sara había sido la portavoz de la pareja, pues como he comentado, el diseño era el mismo, pero con ligeras variaciones.

Ambas me dieron la misma respuesta. Tenían claros entre tres o cuatro colores/tonos para combinar, pero estaban más que dispuestas a ir añadiendo más. Creo que si les hubiera dado la opción habrían cogido todos los colores que les hice llegar.

Llegó el momento de la elaboración. Como habitualmente, comienzo por lo que no sé. Las rosas las tengo controladas al milímetro, así que sabía el tiempo que necesitaba al final para crearlas y hacer el montaje de los ramos.

La rosa de Alba, la rosa de Sara y una de sus piñas

Las piñas fue el primer peldaño. No quería crear lo que estaba acostumbrada a ver en mi feed de Instagram y Pinteres sobre piñas hechas de papel. Así que según iba viendo que ninguna técnica de las fáciles me complacía, me iba repitiendo para mis adentros «ya verás, Sara, que te complicas la vida». Y así fue. Opté por cortar una a una las «escamas» (es como me gusta llamarlas) de cada piña. A darles forma, a repasar los bordes una vez tratado el papel. A pegarlas, de nuevo, una a una, con la ayuda de una pinza de depilar (que uso sólo para los trabajos en papel) a la estructura. Porque sí, para ser fiel a mí misma y a lo que me gusta transmitir con mi trabajo, tengo que complicarme la vida.

La flor de algodón fue más sencilla de descifrar. Y de elaborar. Eso sí, reconozco que el primer ejemplo, que me gusta guardar como referente para futuras ocasiones (ya que no hay manera de que ponga por escrito las instrucciones), lo tiré. Caí en la trampa del pegamento. Pensaba que el papel marrón aguantaría mejor la humedad del pegamento, y acabó destiñendo el algodón. Debería haber usado la pistola de silicona desde un primer momento para evitar el efecto «uy, que se me cae el café».

El eucalipto me dio la oportunidad de cambiar la manera en la que lo venía haciendo. Y no pude quedar más contenta. Acabé con unas ramas de verde azulado sin tener que teñir el papel que me dan ganas de hacer ramos sólo de esa variedad de eucalipto.

Algunas de las flores juntas antes de irse a sus respectivos ramos

El montaje fue largo. Quizás la parte más complicada, como me suele pasar con todos los ramos de novia de papel. Porque conseguir que se asemejen, sin llevar el mismo número de flores, ni las mismas flores, es un desafío.

Llegaron los ramos, les gustaron, se casaron.

Y poco más de un mes después Alba me hizo llegar las fotos (preciosas, de Vinnabodas). Obviamente, yo no las conocía. No sabía cómo eran, en el sentido físico de la palabra. Pero sin mirar qué ramo llevaba cada una, sabía quién de las dos era Sara y quien Alba. Parece mentira lo que contamos en pequeñas conversaciones. Lo claro que dejas quién eres, qué te mueve, cómo te ves. En el portfolio y mi feed de Instagram y Pinterest dejaré más fotos, porque iban impresionantes, cada una en su esencia, y estoy convencida de que alguna novia que en estos momentos dude de ir como le pide el cuerpo, se verá reflejada. Y ver que no estás sola siempre ayuda.

Sin darse cuenta Sara y Alba han demostrado mucho. Que se quieren. Que el amor es amor y punto. Y que el marrón y el azul, quedan muy bien juntos.

El ramo de Sara
El ramo de Alba

¿Equipo Alba? ¿Equipo Sara? ¿Los dos juntos y vamos a lo grande?

1 comentario en «Un encargo doble»

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