El ramo de Mireia

He estado tentada de titular el post como “El ramo más precioso del mundo mundial”. Ese fue el asunto del correo en el que Mireia me enviaba las fotos. Así que cuando la novia describe así el ramo de papel que le has hecho, tienes que contar su historia.

La novia

Tuve la suerte de poder conocer a Mireia en persona. Bueno, a Mireia, a su madre, y a su hermana. Quedamos una tarde para terminar de diseñar el ramo y escoger la carta de colores.

Mireia es tal cual la ves en la foto de portada. Alegría. Por mail ya notaba sintonía, pero al conocerla, fue quererla. Cuestión de genética, supongo, porque su hermana y su madre son de la misma pasta.

Mireia es diferente, se le nota. Y así sería como novia. Me enseñó el vestido, que me encantó. Y cuando al escoger el color protagonista del ramo me comentó que seguramente se teñiría de ese color, sabía que lo acabaría haciendo. Es una pena que en ciertos trabajos no nos dejen ir como somos, ¿verdad? Y no hablo solo de piercings o tatuajes a la vista. Hablo de colores de pelo, e incluso de tonos prohibidos para la manicura. Siempre oímos esa pregunta de “tú, ¿de qué trabajas?”, como si definiera lo que somos, cuando muchas veces en el trabajo desaparece nuestra identidad.

Pero, lo dicho. Mireia es de otra pasta. Y de otra manera iba a ser su boda.

Aclaro que por aquel entonces pensábamos que todavía iba a poder realizarse según los planes previstos. Justo veníamos de haber “doblegado la curva”.

El ramo

Cuando Mireia me escribió, tenía claro lo que quería: un ramo de papel. Con dalias, colorido, y un poco “asilvestrado”, nada de bouquet con forma definida.

Ramo de novia flores de papel

Me había enviado varias fotos como inspiración, así que más o menos yo ya había dibujado el ramo en mi cabeza cuando nos vimos. Pero al conocerla, terminé de definirlo interiormente. Porque el ramo, al igual que el vestido, en mi opinión, debe ser fiel reflejo de cómo es la novia. Y más si el ramo es de papel y lo puedes tener para siempre.

Me dejó bien claro que su ramo era para ella lo más importante de la boda. Le hacía más ilusión incluso que el vestido. Yo, emocionada de oírlo, y a la vez con miedo de no estar a la altura (ay, maldito síndrome del impostor). Así, que como le gustaba mucho mi trabajo, me daba libertad creativa absoluta.

Fue siguiendo el progreso por Instagram, donde iba colgando las fotos de las flores según las hacía. La libertad creativa es un arma de doble filo, porque puedes perderte sin tener una guía. Generalmente siempre cometo el error de hacer flores de más, porque no calculo bien el volumen. En los ramos de rosas siempre acabo haciendo dos o tres de más, y eso que son los que más tengo por la mano. Pero en este caso, al ser un ramo informal, desestructurado, tenía que asegurarme que al montarlo no pareciera pequeño. Sobre todo porque al ramo de novia se añadía el encargo de un ramillete de regalo para una amiga.

Al ser un ramo tan colorido debes tener cuidado con los tonos, para alcanzar un equilibrio. Así que en conseguir un tono apropiado para los guisantes de olor, tardé poco más de una semana. Una semana tiñendo papel hasta encontrar la proporción exacta.

Un ramo de papel siempre lleva tiempo, es lógico. Este ha sido el que más tiempo consumió. Pero yo, contenta. Porque me lo estaba pasando pipa. Pude hacer las flores en diferentes etapas de desarrollo, cosa que me encantó, y que volveré a hacer en cuanto alguna otra novia me deje. Experimenté con diferentes formas, ramas y lazos. Fue un trabajo, pero también una diversión.

Desenlace

El ramo lo entregué en mano. Y confieso que iba muerta de nervios. Casi parecía la primera cita que tuve con mi marido.

Siempre me pongo nerviosa cuando el encargo está en camino. Y cuando veo que el paquete ha sido entregado y no tengo noticias de la novia me preocupo. Aunque al final siempre pasa lo mismo. La novia no lo ha visto todavía porque quien ha recibido el paquete ha sido su madre. Sé que el ramo de papel llega sano y salvo, pero siempre quieres saber que la novia está tan contenta cuando lo ha visto al natural que con las fotos finales que le envío.

Así que pude ver en directo la reacción de Mireia, de su hermana y de su madre. Porque nos volvimos a ver. Le gustó. Mucho. Y el ramillete (ramillete con el que tuve que controlarme, porque casi acabo poniendo tantas flores como al de novia).

Hablamos de la boda, que iba a ser ultra íntima (diez personas en total contando a los novios y oficiante) por las medidas de seguridad a seguir en el ayuntamiento. Y que la fiesta tendría que esperar. Pero que tampoco pasaba nada, porque fuera cuando fuera la fiesta, el ramo seguiría estando intacto.

Es lo bueno de los ramos de papel. Que son pacientes, y si tienen que esperar entre bastidores a poder hacer su entrada triunfal, no tienen problema. Se esperan. Porque saben que la ocasión bien lo merece.

Ramo de novia de papel

Así que gracias Mireia, por la confianza, por pedirme algo diferente, por arriesgarte, por sacarme de mi zona de confort y ayudarme a sacar esa parte creativa que tenía un poco dormida. Gracias a tu madre por ser un sol. Y gracias a tu hermana por hacerme pasar tan buenas tardes (siempre me quedará la duda de saber qué oferta de trabajo escogió al final).

Y además…

Si te interesa saber más sobre los ramos de papel, tengo un post dedicado en exclusiva a sus características y ventajas.

¿A que te han gustado las fotos? Pues las ha hecho Angolah Producciones.

Si te ha enamorado como a mí el entorno en el que las han hecho, que sepas que está en Barcelona ciudad, y es un jardín municipal. ¿Quieres saber cuál? Este.

Y sí, la foto de portada de la web es el ramo de Mireia y el ramillete de regalo.

1 comentario en «El ramo de Mireia»

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