El día de nuestro parto

Historia parto

Hoy hace dos meses que la vida me cambió por completo. A las 9:50 llegaba al mundo mi hija. Este es el precioso motivo por el que estoy casi desaparecida, intentando volver a la actividad poco a poco.

Quiero contarte mi experiencia cruda, tal cual. Tal cual fue o al menos tal cual lo sentí. Por eso digo que fue nuestro parto. Porque ella también colaboró en el proceso.

Antes del parto, resumen de mi embarazo. Tuve suerte, supongo que cuestión de genética, y al igual que mi madre, ninguna molestia. Pero ninguna, ninguna. Tampoco tuve ningún antojo. La famosa linea alba no apareció.

Anécdota previa antes de entrar en materia: mi marido tiene una amiga fotógrafa profesional, y necesitaba una embarazada para una sesión fotográfica. Así que el uno de julio por la mañana estábamos posando, para las que serían mis últimas, nunca mejor dicho, fotos de embarazada.

Domingo uno de julio a las siete de la tarde. Me despierto de la siesta, sin saber que hasta dos días después no volvería a conciliar el sueño. A las once de la ńoche la primera contracción. Ligera, parecida a los dolores previos de regla. La frecuencia irregular, cada media hora, o veinte minutos. Suben en intensidad, lo suficiente para no poder dormir. Es decir, pasan a ser dolores de regla. Utilizo los ejercicios de respiración aprendidos durante el curso de preparación al parto para sobrellevarlo mejor. Funcionan, sobre todo, creo, porque consiguen distraer tu atención del dolor, y desviarla hacia algo que sí puedes controlar.

Lunes dos de julio a las siete de la mañana. Mi marido se levanta para ir al trabajo. Yo le insistí que no se quedara, pues la frecuencia seguía siendo muy irregular, y no notaba que fuesen muy intensas. Tenía la sensación de que iría para largo (¡ja! Y tanto que fue para largo…). Aumenta la frecuencia y la intensidad. Paso a estar cada poco en la ducha con el agua caliente a toda presión en la zona lumbar. Es lo único que alivia, y ya empieza a doler de verdad. Entre contracción y contracción, viene el mensajero a recoger el último encargo. No sé si a todas les pasa, pero en mi caso, cuando la cosa pasó a ponerse seria, me refiero en términos de dolor, llega el miedo. No el miedo al parto como ente, sino al dolor de la próxima contracción. ¿Será mucho más dolorosa que esta? ¿Durará mucho más que la anterior que pareció eterna?

Me obligo a comer, porque se necesitan fuerzas para lo que está por venir, y ya comienzo a notar los efectos de no haber dormido.

A las seis de la tarde nos vamos al Hospital de Sant Pau (sanidad pública). Tengo contracciones cada seis minutos, ya durante dos horas. Al llegar se paran las contracciones en seco. Suele pasar, por culpa de la adrenalina. Regresamos a casa. Allí la cosa llega a su clímax. Cuando yo pensaba que dolían, paso al siguiente nivel. A las once y media de la noche nos vamos de nuevo al hospital. Ahora sí me quedo.

Nuestras madres ya sabían que estábamos en proceso desde por la mañana. Les confirmamos que nos quedamos, así que entiendo que esa noche no durmió nadie.

Paso a la habitación donde transcurrirá la mayor parte de la historia. Es una habitación (o sala) acogedora, con tu propio baño. Y a partir de aquí ya pierdo la noción del tiempo. Las contracciones son más intensas que nunca. Mi nivel de cansancio llega a tal punto, que caigo literalmente dormida entre contracción y contracción. Adopto mil posturas diferentes, así que tengo a mi marido pendiente de que no me parta la crisma al quedar medio dormida. Mi petición había sido de un parto lo más natural posible, motivo por el que estuve aguantando. Intenté sobrellevar el dolor con óxido nitroso (el gas de la risa). Por más que inspiraba del tubo, antes de la contracción, en el pico, entre contracciones, en ningún momento me hizo efecto. Ojo, no me hizo efecto a mí. Sé que a muchísimas mujeres les ayuda un montón. Pero llegó un punto en el que tuve que hacer frente a la realidad. Al ritmo que llevaba, no iba a tener fuerzas para empujar llegada la ocasión.

Así que pedí la peridural (siempre me queda el consuelo de que me la tendrían que haber puesto de todas maneras, ya verás por qué más adelante). Para que te la pongan tienes que estar quieta. Completamente quieta. Y así tienes que aguantar las contracciones. En mi caso fueron dos. Y gracias a la comadrona que acompañaba a la anestesista, las pude aguantar. No tengo palabras para explicar lo que me ayudó en ese momento a controlar el dolor y conseguir quedarme inmóvil. El efecto es casi inmediato, lo cual agradeces con todo tu ser.

Momentos antes de la anestesia me habían roto la bolsa, esperando acelerar el proceso, pues se estaba ralentizando mucho. El parto vuelve a buen ritmo, pero entonces comienza la peor parte. Cuando dejas de sufrir por ti, y pasas a preocuparte por ella, por tu hija. Le hicieron la prueba del PH un montón de veces (al menos seis en total). Es la prueba en la que le sacan un poco de sangre de la cabeza para comprobar el nivel de oxígeno. Porque ella no terminaba de bajar, y con cada contracción le bajaba el ritmo cardiaco mucho. Después de mirar y remirar el motivo, encontraron la razón: pelvis plana. Al parecer, con cada contracción yo la empujaba hacia la salida, pero la forma de mi pelvis hacía que se diera con la cabeza contra un muro. Para salir tenía que pasar “por debajo del puente”, para que te puedas hacer una idea. Así que probamos cien posturas diferentes para intentar que la niña se moviera como queríamos. Parecía un muestrario de figuras de yoga.

Pasado este punto me cambian de habitación y me trasladan a la sala de partos. Esa habitación ya no es acogedora. Es donde tienen las máquinas, los focos que podrían utilizar para la bat señal, el instrumental, y donde hace un frío de muerte. Me pasan allí porque veían que no íbamos por buen camino. Siguen con las pruebas del PH, a veces acaban pronto, otras veces les cuesta más conseguir la muestra. Esperan que llegue el jefe de neonatología para tomar la decisión de si se usan forceps o pasamos a cesárea de urgencia. Supongo que te resulta fácil imaginar mis sensaciones en esos momentos. Son ya las nueve de la mañana del martes tres de julio. Hay cambio de personal (hacen turnos de doce horas). La comadrona que me llevaba se despide de mí. Llega el jefe, y decide que esperemos un poco más. Yo mientras tanto, llevaba ya horas con ganas de empujar, y empujaba. Aún con la anestesia, al llevarla flojita, sientes la necesidad de empujar. Pero de una manera que sólo cuando te veas en esa situación sabrás a lo que me refiero. Esperamos.

Y llega una de las ginecólogas con bata puesta y gorrito en la cabeza acompañada de no sé cuántas personas más. Al verla con la indumentaria ya sabía que pasábamos a la acción. Estaba su equipo y tres pediatras para atender a la pequeña, pues había indicios de sufrimiento fetal, y no se podía esperar más. Ante la dicotomía, se inclinó por el uso de fórceps. Así que tocaba episiotomía. Ella con los fórceps, y yo empujando. Como nunca me he esforzado en mi vida. Empujas de una manera que te da la sensación de que te vas a dar la vuelta como un calcetín.

Y salió. No la ví. Inmediatamente la cogieron los pediatras y allí mismo la revisaron. Tardó en llorar, pero la oí. Y en mi pecho me la pusieron.

Siempre pensé que llegado el momento lloraría al tenerla por primera vez en el pecho. No fue así. Había sido tal la tensión, los nervios, la preocupación (porque en esos momentos piensas que puede pasar de todo), que la emoción ya me vino después, con la bajada de la adrenalina.

Su padre estuvo conmigo todo el rato. Preocupándose por nosotras, ocupándose de mí. Colocándole el gorrito cada poco a su hija recién nacida no fuera a ser que cogiera frío.

Así fue el mío, tan diferente del de otras, tan parecido al de unas. Lo que aprendí en ese día es toda la fuerza que llevamos dentro. Lo valientes que somos. Valientes como mi madre que me tuvo de parto natural, y mi abuela, y mi bisabuela, y todas las anteriores, que tenían que hacerlo en peores entornos y circunstancias que nosotras.

Pero todo merece la pena. Porque la tengo en casa.

Deja un comentario

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies, tanto propias como de terceros, para recopilar información estadística sobre su navegación y mostrarle publicidad relacionada con sus preferencias, generada a partir de sus pautas de navegación. Si continúa navegando, consideramos que acepta su uso.Más info

Aceptar